Marruecos

Luces y sombras de la "Moudawana"


 

El discurso pronunciado en octubre de 2003 por el rey Mohamed VI en el parlamento marroqu, anunciando la modificacin del Estatuto Personal de la Mujer (Moudawana), fue considerado como un posible punto de inflexin en el proceso de transicin democrtica del pas.

Aquel discurso, en el que el monarca utiliz las facultades derivadas de su ttulo de "Comendador de los creyentes" con el fin de obrar una mayor modernizacin social, cuya piedra angular sera la reforma de la Moudawana, suscit entonces importantes esperanzas, tanto dentro como fuera del pas.

Un ao y medio despus de la aprobacin del cdigo de familia (enero 2004 ; que incluye la modificacin de la Moudawana), las expectativas generadas contrastan, una vez ms, con la lentitud de las reformas polticas, cuyo ritmo y calado son claramente insuficientes para enfrentar los grandes retos del pas.

Como corresponde a su condicin de smbolo del cambio, la puesta en prctica del cdigo de familia marroqu se enfrenta a una serie de obstculos que son un fiel reflejo de las deficiencias institucionales y los lastres socio-culturales del pas.

Ahora bien, estos obstculos no desvirtan el gran mrito de la actual Moudawana, la cual ha reubicado la cuestin de la mujer sobre una plataforma de progreso y desarrollo y ha establecido un marco legal propicio para su igualdad respecto al hombre (susceptible todava de perfeccionamiento pero sustancialmente mejor que el anterior).

Estas dos constataciones tienen la suficiente entidad como para incidir favorablemente en el proceso de transicin democrtica, en el cual los avances legales y sociales deberan ir creando sinergias recprocas. No obstante, para que esto se logre es necesario que el debate que se est generando en torno al papel de la mujer en Marruecos se construya sobre bases creativas, alejadas lo ms posible de un enfrentamiento obtuso entre progresistas e islamistas, pertrechados en sus respectivas posiciones, y que se aceleren las imprescindibles reformas institucionales, empezando por la Educacin y la Administracin de Justicia.

Precisamente, una de las primeras cuestiones que se suscitaron al anunciarse la reforma de la Moudawana fue la gran importancia de trasladar de forma efectiva a la poblacin femenina (con altas tasas de analfabetismo, especialmente en el medio rural, donde pueden superar el 90%) los principios bsicos de la nueva ley.

El abandono por parte de los partidos de izquierda de sus polticas de proximidad social, por un lado, y la implantacin y fluida comunicacin de las asociaciones islamistas respecto a sus bases sociales, por otro, se presentaban entonces como dos factores primordiales que finalmente se han confirmado en la prctica. Aunque el primero de estos aspectos se ha intentado suplir por parte de las asociaciones de mujeres de corte progresista con una importante labor comunicativa, no deja de ser evidente la ventaja que en dicho terreno tienen sus compaeras islamistas. Enmarcadas ambos tipos de asociaciones en un mismo mbito reivindicativo de races islmicas, en cuanto a sus fundamentos culturales, las asociaciones islamistas de mujeres (sobre todo, por tener un proyecto ms elaborado, la asociacin Insaf, perteneciente al movimiento "Justicia y Espiritualidad") dominan un escenario en el que los resortes del lenguaje y de un mensaje social cargado de connotaciones identitarias muy arraigadas son, entre otros, factores decisivos.

En todo caso, es un debate abierto que exige una mayor implicacin de actores sociales y autoridades estatales, sin la cual no ser posible ni una adecuada aplicacin de la ley ni los consiguientes pasos hacia una autntica incorporacin de la mujer al desarrollo (cuyo Plan al efecto qued aparcado en 2000, ante la oposicin islamista y de otros actores conservadores).

Los esfuerzos publicitarios de la Moudawana, que estn siendo realizados por parte de las asociaciones de mujeres progresistas- bien por medio de la televisin (con la fundamental limitacin de que su difusin no se realiza en los dialectos amazigh), bien a travs de campaas en el medio rural y mediante cintas casetes-, nicamente alcanzan a un nmero limitado de mujeres. En este mbito es muy importante que exista un mayor apoyo por parte de dichas autoridades, que deberan plantearse, adems, la creacin de un observatorio nacional.

Lo que s parece claro es que la reforma legal ha supuesto una mejora para numerosas mujeres en diferentes mbitos de su relacin conyugal y materno-filial. Tomando como referencia los datos oficiales del ao 2004, se ha producido un descenso de un 72% de los divorcios denominados khola (que suponen para la mujer el pago de una importante compensacin econmica al marido, como requisito sine qua non para la obtencin del divorcio) y, por el contrario, un auge de la figura denominada talaq chiqaq (que significa "procedimiento de desunin", y que es un tipo de divorcio que implica derechos econmicos para la mujer). Adems, el aumento del 41% en las demandas de divorcio presentadas por mujeres es indicativo de que, allanados los obstculos legales, stas van decantndose por una resolucin judicial de sus problemas conyugales. Asimismo, cabe destacar una disminucin de los expedientes de repudio, aparentemente como consecuencia de las nuevas implicaciones legales para el marido, y un progresivo aumento de la cuanta de las pensiones relativas a los hijos en caso de divorcio, pese a que la tramitacin de las pensiones se suele demorar durante varios meses (legalmente, el plazo para su concesin es de un mes).

Son precisamente las deficiencias de la Administracin de Justicia las que mejor explican las dificultades para materializar los preceptos legales y avanzar ms rpidamente. El amplio margen que la ley otorga a los jueces en materia de Derecho de familia, unido a su insuficiente preparacin, no exenta de reflejos machistas, supone un obstculo evidente.

La creacin de 60 juzgados de familia queda tambin ensombrecida por la lentitud de los procedimientos y la vulneracin de algunos preceptos legales. A modo de ejemplo, pese a que la ley establece la edad mnima para contraer matrimonio para ambos cnyuges en 18 aos, se han concedido autorizaciones judiciales de matrimonios en los que la mujer es menor de edad.

Es tambin evidente que algunos de los obstculos actuales derivan de la estructura patriarcal marroqu, propia de una sociedad profundamente conservadora y que convive en paralelo con un proceso irreversible de integracin de la mujer en el tejido socioeconmico. Siguiendo las referidas estadsticas, el hecho de que en 2004 nicamente se hayan registrado 200 pactos de capitulaciones econmicas matrimoniales (que permiten preservar ciertos derechos importantes para la mujer), o de que slo en un 18% de los matrimonios (y exclusivamente en el medio urbano) la mujer haya prescindido del tutor al que, antes de la reforma, estaba sujeta, obedece a un rgido condicionamiento de las convenciones sociales cuyo relajamiento requiere mucho tiempo.

Aunque los meses transcurridos desde la aprobacin del cdigo de familia marroqu no son un plazo suficiente para evaluar su autntica influencia en el devenir del pas- considerando, adems, que muchas de sus dificultades prcticas eran plenamente previsibles-, la verdadera utilidad del balance provisional actual consiste en arrojar una luz premonitoria sobre las sombras que acechan a Marruecos, al dejar en evidencia que cualquier reforma importante que se pretenda acometer necesita ir respaldada por un proyecto poltico firme y coherente y una progresiva consolidacin de libertades y derechos fundamentales.

28/06/05

Jess Garca-Luengos

Abogado y colaborador del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Accin Humanitaria (IECAH)

Texto publicado en Civilizacin y Dilogo.

http://www.iecah.org/espanol/globaliza/derecho/moudawana.html



29 juin 2005



 



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